Sábado de box y lucha libre también

Sábado de box y lucha libre también

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viernes, 01 septiembre 2017
4N y algo más

El fin de semana pasado se llevaron a cabo dos eventos deportivos de gran calibre en el que estaban en juego importantes sumas de dinero: el primero de ellos; una pelea de box, mediáticamente inflada. Por un lado un boxeador que, a decir de los que saben, tiene una defensa imbatible y cómo no tenerla si se la pasa corriendo alrededor del ring. Por otro lado un irlandés campeón de campeones en otro deporte llamado artes marciales mixtas y cuya idea de box, dio a entender que era nula.

Pues bueno, estos dos colosos de la mercadotecnia y del show se enfrentaron con muchas singularidades: mucho dinero de por medio, la primer pelea profesional de McGregor como boxeador y que el evento fue organizado por la promotora de Mayweather y otras tantas cosas más.

La pelea empezó con un novato tirado hacia el frente, con ganas, impulsivo. Por el otro lado el estadounidense, sereno, aguantando golpes; dejándose pegar de vez en cuando para enardecer al público que estaba presente en Las Vegas,  como los que lo seguían a través de todo el mundo.

Y así los primeros tres rounds, ya después vendría un intercambio de golpes, Mayweather lanzaba combinaciones que alcanzaban a conectar, McGregor solo alcanzaba a soltar volados y uno que otro zape.

De esa manera se llegó al sexto round. Ya para el séptimo, se veía a un McGregor totalmente agotado y sin recursos para seguir dando pelea; sin embargo, se mantenía de pie, aguantando en el ring, ahora era el que recibía los golpes. Mantenía una guardia alta. Mayweather solo lo estudiaba, lanzaba golpes sin cansarse, mero trámite para lo que suponíamos que vendría después.

Round diez: zurdas y derechas volaban en el cuadrilátero. El irlandés solo recibía, intentaba evadir pero el cuerpo ya no daba para más. Mayweather, cual león al acecho, lo seguía; conectaba dos o tres y se retiraba y volvía a repetir, así todo el round hasta que McGregor dejó de alzar las manos; solo buscaba refugio el cual encontró cuando el referee decidió que era suficiente y detuvo la pelea. Hasta aquí, cada quien tome sus millones de dólares y se retire a su casa a descansar.

Inmediatamente después, se dio paso a la transmisión de un evento de lucha libre mexicana, cosa que tenía mucho tiempo que no ocurría en la televisión nacional.

Se presentaba nada más y nada menos que la leyenda viviente de los cuadriláteros: Dr. Wagner Jr. que esta ocasión midió fuerzas contra Psycho Clown. Un luchador de esta generación con larga trayectoria pero con baja calidad como atleta a ras de lona. En esta ocasión se jugaban las máscaras.

El evento fue producido por la empresa de lucha libre mexicana AAA -la cual realmente no es mucho de mi agrado-, y sé que el de muchas personas tampoco, ya que utilizan un estilo muy teatral haciendo clara alusión al wrestling estadounidense.

La lucha comenzó inmediatamente: Dr. Wagner sometía al payaso, lo paseaba alrededor del hexágono y lo golpeaba a diestra y siniestra, parecía ser una lucha fácil, muy fácil para el galeno del mal. Hasta se daba el lujo de bajarlo del hexágono y pasearlo por las gradas, golpeándolo, disminuyéndolo, a veces creíamos que buscaba la victoria.

Lo volvío a subir y ahí en medio hexágono, sometía al payaso, lo inmovilizaba y le rompía la máscara, dejando ver casi medio rostro. El público emocionado gritaba y pedía sangre a lo cual el galeno respondió mordiendo la frente de Psycho Clown dejando escapar un hilillo del vital líquido. El público se entregaba en ocasiones el recinto se llenaba con el coro de “oe, oe oe oe, Wagner, Wagner”…

Un poco más tímidos gritaban “Psycho, psycho” apoyando al que por momentos daba destellos de lucidez y lograba castigar al médico maldito al tenerlo postrado, lejos de buscar la victoria, se volcaba hacia el público buscando aprobación. Una vez ganada la anuencia del respetable, el payaso loco se dirige al centro del ring donde tiene a Dr. Wagner Jr. lastimado, le aplica un atolondrador y se dispone a romperle la máscara, la afrenta estaba hecha, no hay camino de regreso.

Así se diluía el primer y único round, sin límite de tiempo, la lucha se hacía añeja y los gladiadores visiblemente cansados de recibir y dar tanto castigo veían mermadas sus energías, ya con ambas máscaras rotas y ensangrentadas daban los toques finales a esta lucha en la cual una de ellas tendría que caer.

Y fue así como después de dar y recibir castigos por parte de ambos luchadores el psicópata del ring sube a la tercera cuerda y se lanza con todo el peso de su humanidad sobre el galeno del mal, dejándolo imposibilitado para reaccionar y a la cuenta de los tres reglamentarios se alza con la victoria, la legendaria máscara de Dr. Wagner Jr. y seguramente un par de millones en el bolsillo.

De esta manera concluyó un fin de semana en el que se presenciaron dos de los deportes más redituables de estos tiempos, aunque en dos niveles muy diferentes y con grandes exponentes mexicanos en ambos casos. Un fin de semana que costó varios millones de dólares para las televisoras y las compañías productoras, y que dejó claro que la calidad puede quedar de lado cuando hay millones de personas viendo un espectáculo sin importar el resultado final.

Daniel Ramirez

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